
“Condenadme, no me importa, la Historia me absolverá,” fue la frase que pronunció “el Comandante” Fidel Castro en 1953… hoy, absuelto o no, sin lugar a dudas ocupa un lugar en la historia.
Ni los Estados Unidos con sus invasiones y embargos, ni los enemigos internos o los disidentes y ni el desplome de la URSS lo hicieron apartarse del poder por más de 49 años, si lo hizo una grave enfermedad que durante Julio de 2006 lo obligó a “delegar” funciones en Raúl Castro, su hermano, con cierta vocación Económica Reformista.
Castro, ya no podía, por lo menos para los ojos de la comunidad internacional, mantener esa condición Stand By, algo muy provisorio para
La renuncia no significa su desaparición de la escena política o en los destinos de la isla, sin lugar a dudas, seguirá activo e influyente sobre la base de una fuerte condición que posee: su intelecto. No es imaginable, por ahora a Fidel Castro fuera de las decisiones trascendentales y vitales de Cuba, “retirado en sus cuarteles” será la conciencia en el curso de la transformación por venir, por lo tanto y siendo extremadamente critico, su renuncia puede no resultar prometedora de grandes cambios. De cierta manera el sistema que instauro en los últimos casi 50 años no es Castro, mientras no se reformule el sistema, con renuncia o sin renuncia de Fidel Castro los pequeños cambios que se susciten no transformaran a la Isla.
Dentro de los pequeños cambios, una vía distinta, sin ser profunda, es la que otorga su sucesor natural, Raúl Castro, su hermano tiene alguna vocación reformadora en el área económica; pero carece de carisma y dominio de masas como lo hizo para gobernar Fidel Castro. Raúl solo puede tocar cierta parte de la estructura, pero con Fidel presente ni pensar en reformar la anquilosada estructura política cubana. Raúl es solo parte de un proceso de sucesión, aparentemente no de reformar.
Todo hace pensar que el proceso de apertura, reforma, renovación o como se le quiera llamar en esta etapa será a muy largo plazo, mi el sistema, mi la estructura política ni económica de la isla soportarían una mutación instantánea y abrupta, simplemente colapsaría con graves consecuencias para el pueblo cubano.
